QUIÉN ES UN PADRE DE LA IGLESIA

 

La palabra padre está referida a una condición biológica generativa. Es padre quien engendra un nuevo ser. Desde el punto de vista místico religioso un Padre de la Iglesia es aquel quien ha engendrado a un nuevo creyente con la elocuencia de su enseñanza y testimonio. En la paideia antigua, el filósofo maestro se convertía en padre del discípulo, y a su vez el discípulo tenía la obligación de mantener la descendencia dentro de la escuela. De la misma forma el cristianismo asimiló la costumbre clásica de instruir a los individuos y a los grupos, sólo que en lugar de escuelas los padres formaron comunidades eclesiales, convirtiéndose en procreadores de nuevos hijos e hijas en la fe de Jesucristo. Su personalidad pasó a formar parte de la tradición de cada comunidad y su enseñanza en patrimonio del ecumene cristiano.

Un Padre de la Iglesia es definido como un escritor de la antigüedad clásica que trató sobre temas de teología cristiana. Desde luego nos referimos a una larga lista de autores que vivieron entre los siglos I al VIII. Este período está considerado como el centro de la actividad definitoria del dogma cristiano, por tanto es evidente que también durante éste se dieron las principales controversias, polémicas y herejías generadas por la misma reflexión. Luego entonces no todos los autores de esta época deben ser considerados Padres. Así pues, para que un autor sea merecedor de este título es necesario que cumplan con las siguientes características:


  • Rectitud de doctrina.


En la antigüedad no había una clara distinción entre ortodoxia y heterodoxia, no había un Magisterio constituido y una doctrina común que rigiera la veracidad en materia de dogma, sin embargo todos debían sujetarse a dos principios básicos: la Sagrada Escritura como Regula veritatis, y la Tradición Apostólica como Regula fidei. En aquel entonces casi todos los autores estaban seguros de estos dos componentes, no obstante se tuvieron que verificar algunos problemas a propósito de la interpretación de la Escritura y su relación con la filosofía del momento. En realidad pocos atentaron contra la autoridad apostólica, más bien se llegaban e exagerar ciertas posturas de pensamiento. Así pues, un Padre ortodoxo es quien interpreta la Sagrada Escritura bajo la autoridad de los Apóstoles.


  • Santidad de vida.


Desde luego, en el caso de los Padres de la Iglesia no se habla de procesos de canonización. En la antigüedad, el testimonio de un cristiano estaba cifrado bajo dos aspectos fundamentales: la piedad y el martirio, sin embargo los Padres agregaron otros elementos. Eran hombres bíblicos, algunos de ellos vivieron en la época de la inspiración y formación del Nuevo Testamento, más aún a ellos les tocó formar el canon definitivo de la Sagrada Escritura. Además vivieron de la biblia, la memorizaban y la hacían oración como el más alto nivel de contemplación. Analizar la Palabra era situarse en las mismas latitudes místicas de la inspiración y de la convivencia con el Espíritu Santo. Este perfil de santidad no se quedó en el simple esfuerzo intelectual sino que también los Padres brillaron por sus dotes pastorales, su caridad y su amor hacia la Iglesia.


  • Aceptación por parte de la comunidad.


Es claro que la fama propia autentifica a la persona. Algunos grandes maestros brillaron por su sabiduría en vida y fulguraron aún más después de su partida. En el caso de los Padres su fama era mundialmente conocida; su influencia se irradiaba a través de todo el Imperio romano. Sin embargo las comunidades a las que pertenecían gozaban del privilegio de tener en su seno a un personaje que los representara, de modo que la misma comunidad certificó la importancia de sus guías y pastores. También se dieron casos desafortunados donde los líderes eclesiásticos e intelectuales fueron depuestos de sus sedes o exiliados ganándose el desprecio y el desprestigio. Un Santo Padre de la Iglesia fue constituido como tal por su comunidad, la cual se esmeró en conservar su tradición sin alteraciones ni disminución.


  • Antigüedad.


A diecinueve siglos de distancia desde la formación de las primeras comunidades cristianas, el periodo patrístico representa una referencia de antigüedad, no obstante es necesario precisarlo porque no es parte de la época apostólica ni del medioevo. Muy a propósito está marcado por la sucesión de los apóstoles, a partir del año 100 y con el ingreso a la antigüedad tardía a finales del siglo VIII.

Los Padres de la Iglesia reúnen estas características y otras más, basta con que se verifiquen éstas cuatro para declararlos como tales. Al faltarles alguna de estas notas, los autores son considerados como ‘escritores eclesiásticos’. Estos también son materia de estudio de la patrología y sus obras contribuyen para la comprensión y definición del dogma cristiano.

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