La leyenda hagiográfica de san Judas Tadeo proviene de una antigua narración que nos permite reconstruir su biografía. De nuestro personaje se han tenido otros intentos descriptivos de su perfil, pero estos se limitan a mostrar datos vagos y sin consistencia histórica. Si bien no se cuenta con la constatación exacta de sus encuadres cronológicos, al menos podemos acercarnos críticamente a analizar la intención de los autores antiguos que propusieron la leyenda con la finalidad evangelizadora para la que fue creada.


La devoción tenida hacia san Judas Tadeo ha sido favorecida siempre por la expectativa de sus prodigios y por el afecto que inspira la gratitud ante los favores recibidos. Sin embargo, bien vale la pena reconstruir las incontables cualidades inherentes a su personalidad, tales como su doctrina, enseñanzas, ejemplos, dichos y exhortaciones llenas de contenido; es darle voz a un santo amable al cual se le conoce sólo por su imagen. No es justo atribuir tanta confianza a alguien a quien no se le escucha, y menos a quien no se le conoce. Por tal motivo, los devotos amparados bajo la protección de san Judas Tadeo tienen muchas cosas que aprender de él porque tiene mucho que enseñar. La presentación de su historia y de su doctrina ayudará a la edificación espiritual de los fieles, como en el caso de cualquier santo cristiano.


Esta leyenda es una historia apócrifa de entre los siglos IV y V de nuestra era, redactada en siriaco y, que al parecer, retrata el cristianismo difundido en el área de Mesopotamia y Siria. La Doctrina de Addai fue escrita por Labubna hijo de Sennak, autor local que recogió diferentes tradiciones escritas y orales, tanto en los archivos de la ciudad de Edesa, donde se desarrolla la historia, como de las narraciones populares que circulaban en esa época. El historiador cristiano Eusebio de Cesarea conoció la historia de oídas pero también hace referencia a lo que se había recopilado en los mismos archivos de Edesa. Se atribuye a esta tradición otro escrito llamado Liturgia de Addai y de Mari, que es una anáfora eucarística que ha sido usada en los ritos de la iglesia nestoriana, caldea y malabar. Esta última composición presenta dificultades de originalidad por las constantes transformaciones de traducción aunque en últimas fechas ha sido rehabilitada por la crítica.


Los apócrifos cristianos son textos de la Tradición que no figuran dentro del canon de la Escritura porque no tienen contenidos de Revelación divina, sino son versiones populares de algunas interpretaciones sobre hechos y dichos de Jesucristo y de los apóstoles. Cabe mencionar la existencia de otro documento histórico titulado Las crónicas de Edesa, el cual sugiere la importancia del lugar y de los acontecimientos cristianos ahí sucedidos, aunque éste no menciona al apóstol Judas Tadeo.


El género literario de La Doctrina de Addai corresponde a una leyenda hagiográfica, es decir, es la vida de un santo con fines edificantes para la naciente comunidad cristiana en Edesa. No es una biografía en el sentido estricto sino una recopilación de tradiciones, apologías, epístolas, predicaciones kerigmáticas y morales que hacen un compuesto ilustrativo para la evangelización. El estilo es simple y directo, los protagonistas están convencidos de la fe en Jesucristo, lo que demuestra que fue redactada por un autor piadoso. Denota, en la parte final, que tuvo adiciones y alargamientos narrativos del mismo estilo. De frente a otros escritos del género ‘Hechos de los Apóstoles apócrifos’, La Doctrina de Addai escapa a las tendencia ideológicas de la época que sí recogen otras versiones menos ortodoxas, como es el caso de los Hechos de Tomás, obra íntimamente ligada al paroxismo del gnosticismo encratita.


Los apócrifos heterodoxos se reconocen inmediatamente por la superación arbitraria de las leyes de la naturaleza, por la insistencia de las prácticas puritanas, o cuando las mujeres aparecen desempeñando papeles importantes, pero siempre como mujeres vírgenes, y cuando el autor se identifica con algún grupo reconocido. La Doctrina de Addai conserva estas características pero en un modo mucho más mitigado; cierto que hay acciones fantásticas, sin embargo aparecen como una enfática acción religiosa de los personajes, por eso esta narración es catalogada como una novela piadosa.

 

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